Desde la suave voz de Siri que nos guía en el coche hasta la apariencia humanoide de Sophia que debate sobre filosofía, una constatación se impone: los robots y las inteligencias artificiales que nos rodean suelen tener un género femenino. Lejos de ser una simple coincidencia estética, esta elección de diseño tiene sus raíces en profundos mecanismos psicológicos, persistentes estereotipos sociales y estrategias de marketing bien engrasadas. Pero entonces, ¿por qué esta inclinación casi sistemática por el rostro y la voz de mujer en el universo de la robótica? Sumerjámonos en el corazón de esta fascinante tendencia que dice tanto de nosotros como de las máquinas que creamos.
El legado de los roles de asistencia y servicio
Una de las explicaciones más directas a la feminización de los robots se encuentra en las funciones para las que son diseñados en su mayoría. Históricamente, los roles de asistencia, secretariado, recepción, cuidado y servicio personal han sido ocupados mayoritariamente por mujeres. Cuando buscamos automatizar estas tareas, nuestro inconsciente colectivo proyecta estos mismos atributos en las máquinas.
Un robot recepcionista, un asistente personal en nuestro teléfono o un acompañante para personas mayores son extensiones tecnológicas de estas profesiones. Para facilitar su adopción y hacer su presencia más natural, los diseñadores se basan en esquemas familiares. Un rostro o una voz femenina para un rol de ayuda es decodificado inmediatamente por nuestro cerebro como algo que está «en su lugar», reduciendo así la fricción cognitiva y la desconfianza inicial hacia la tecnología.
El «care»: una esfera históricamente femenina
El concepto de «care» (el cuidado, la atención al otro) está en el centro de esta dinámica. Las cualidades asociadas a este ámbito —la empatía, la paciencia, la dulzura, la escucha— se atribuyen social y culturalmente a lo femenino. Al dotar a los asistentes robóticos de rasgos femeninos, las empresas buscan infundirles artificialmente estas mismas cualidades percibidas.
Ejemplos concretos:
- Robots de asistencia para personas mayores: Modelos como ElliQ o Zora están diseñados con voces suaves e interacciones pacientes para tranquilizar y acompañar.
- Asistentes virtuales: Las voces por defecto de Alexa, Siri o Google Assistant fueron durante mucho tiempo femeninas, ya que su función principal es responder a solicitudes, organizar, recordar... en resumen, asistir.
- Recepcionistas robotizadas: En aeropuertos o centros comerciales, robots como Pepper de SoftBank suelen programarse con gestos y una voz que evocan a una recepcionista humana.
La psicología de la aceptación: la búsqueda de la suavidad
Más allá de los roles sociales, la elección del género tiene un impacto directo en nuestra percepción y nuestro nivel de aceptación de la máquina. La introducción de un robot en un entorno íntimo como el hogar o la oficina puede generar ansiedad. El diseño es, por tanto, una herramienta crucial para calmar estos temores.
Varios estudios de psicología social y de interacciones hombre-máquina han demostrado que, en muchas culturas, las voces femeninas se perciben como:
- Menos amenazantes: Una voz con un timbre más agudo se considera inconscientemente menos autoritaria y dominante que una voz grave, lo que es una ventaja para un dispositivo que se supone que está a nuestro servicio.
- Más cálidas y serviciales: Tendemos a asociar las voces femeninas con la ayuda y el apoyo, lo que refuerza la confianza en las capacidades del asistente.
- Más claras y comprensibles: Desde un punto de vista puramente acústico, las voces femeninas suelen tener una frecuencia más alta, lo que puede hacerlas más inteligibles a través de los pequeños altavoces de los dispositivos conectados.
Menos amenazante, más accesible
Esta necesidad de reducir la amenaza percibida es fundamental, sobre todo con los robots humanoides. El concepto del «valle inquietante» (uncanny valley) teoriza que cuanto más se parece un robot a un humano sin ser perfecto, más provoca una sensación de malestar. Un diseño femenino, asociado a la dulzura y a la no agresividad, puede ayudar a sortear este valle. El robot parece así más un compañero o un ayudante que un sustituto o un competidor potencial.
El robot Sophia de Hanson Robotics es el ejemplo perfecto. Su apariencia, inspirada en Audrey Hepburn, fue elegida deliberadamente para ser elegante, no amenazante y para facilitar las interacciones cara a cara.
La influencia del marketing y el diseño
Las empresas tecnológicas, obviamente, no son ajenas a estos sesgos cognitivos. Los utilizan activamente como palancas de marketing para fomentar la adopción de sus productos. El objetivo es crear una conexión emocional entre el usuario y la máquina.
Una voz femenina y amigable transforma un simple objeto tecnológico en una especie de personalidad, un compañero. No se le habla «al altavoz», se le habla «a Alexa». Esta personificación aumenta el compromiso del usuario y la lealtad a la marca. La elección de lo femenino no es, por tanto, solo psicológica, sino eminentemente comercial.
El caso de los robots humanoides emblemáticos
La observación de los robots humanoides 2026 y de sus predecesores muestra claramente esta tendencia:
- Sophia (Hanson Robotics): Diseñada para ser una embajadora de la robótica, su rostro femenino y expresivo es su principal baza de comunicación. Está hecha para seducir e iniciar una conversación.
- Pepper (SoftBank Pepper Pro Max): Aunque su diseño es más infantil y andrógino, su voz aguda, sus grandes ojos y su papel de anfitrión y animador lo sitúan mayoritariamente en el espectro femenino de la percepción.
- ASIMO (Honda): Otro robot de diseño andrógino, pero su reducido tamaño y su voz aguda lo hacían simpático e inofensivo, lejos de la imagen de un potente robot industrial.
Estas elecciones no son fruto del azar, sino de exhaustivas pruebas de usuario, en las que las reacciones a los diferentes tipos de voces, apariencias y comportamientos se analizan minuciosamente para optimizar la aceptación del producto.
El refuerzo de los sesgos de género: un riesgo importante
Aunque estas estrategias son eficaces, no están exentas de consecuencias. Al asociar sistemáticamente las funciones de asistencia y sumisión a una identidad femenina, la industria tecnológica se arriesga a reforzar estereotipos de género ya muy arraigados en la sociedad.
El informe de la UNESCO de 2019, titulado «I'd blush if I could» («Me sonrojaría si pudiera», una antigua respuesta de Siri a un insulto de carácter sexual), dio la voz de alarma. En él se denuncia cómo la programación de estos asistentes, con sus voces femeninas por defecto y sus respuestas a menudo pasivas o coquetas ante el acoso verbal, perpetúa la idea de una mujer-sirvienta, siempre disponible y dócil.
Esta crítica ha impulsado a la industria a reaccionar. Cada vez más empresas ofrecen ahora la posibilidad de elegir entre voces masculinas, femeninas o de género neutro, y trabajan para que las respuestas de sus IA sean más neutras y firmes frente a los abusos.
¿Hacia una robótica más inclusiva?
La toma de conciencia está en marcha. Diseñadores y expertos en ética abogan por un enfoque más diverso e inclusivo. Esto implica:
- La neutralidad por defecto: Ofrecer voces sintéticas de género neutro o dejar la elección al usuario desde la configuración inicial.
- Diseños abstractos: Para los robots que no necesitan interactuar socialmente, un diseño no humanoide puede ser más eficaz y evita las trampas del género.
- La diversificación de roles: Diseñar y promover robots femeninos en roles de poder, ciencia o industria, y viceversa para los robots masculinos.
Más allá del rostro: cuando los robots son masculinos o neutros
Es importante señalar que no todos los robots son femeninos. De hecho, las excepciones a esta regla son muy reveladoras, ya que confirman la lógica de los estereotipos.
Los robots con atributos masculinos suelen estar diseñados para tareas percibidas como relacionadas con la fuerza, la autoridad, la industria o el combate. Su diseño es a menudo más anguloso, más imponente y funcional, en detrimento de la expresividad social.
Fuerza, industria y exploración: las excepciones que confirman la regla
- Atlas de Boston Dynamics: Este robot es la encarnación de la potencia y la agilidad. Su apariencia es puramente funcional y su imponente complexión lo asocia inmediatamente con la fuerza física. Está diseñado para el trabajo en almacenes, el rescate y tareas físicas intensas. Verlo en un anuncio es impresionante, como muestra el Boston Dynamics Atlas Commercial.
- Los robots industriales (Kuka, Fanuc): Estos brazos robóticos gigantes son la columna vertebral de la industria pesada. Su diseño es sinónimo de potencia y precisión, sin ningún intento de antropomorfismo social.
- La ciencia ficción militar: En la cultura popular, los robots de combate, desde The Terminator hasta el T-800, casi siempre se representan con rasgos masculinos, símbolos de fuerza y agresividad.
